El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, llegó a Caracas para avanzar en un acuerdo que podría marcar una nueva etapa en la relación entre ambos países: la explotación de parte de las enormes reservas petroleras venezolanas.

El plan contempla yacimientos equivalentes a unos 65.000 millones de barriles de crudo y llega en un momento en que Estados Unidos busca ampliar su acceso a fuentes de energía. La visita de Wright también coincide con los planes de Chevron de aumentar sus operaciones en Venezuela.

Desde Caracas, la presidenta interina Delcy Rodríguez confirmó el acuerdo, aunque dejó claro que Venezuela mantendrá la soberanía sobre sus recursos. El Parlamento y la Fuerza Armada también expresaron su respaldo a la negociación con Washington.

La apuesta estadounidense va más allá de extraer petróleo. Según funcionarios de ese país, el objetivo es atraer inversión privada, aumentar la producción y ayudar a “normalizar” una economía venezolana que continúa dependiendo fuertemente de sus exportaciones de hidrocarburos.

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, con más de 300.000 millones de barriles estimados, pero durante años su producción ha estado muy por debajo de ese potencial.

El acuerdo, sin embargo, no está libre de polémica. Tanto sectores opositores como algunas voces vinculadas al oficialismo han cuestionado sus alcances, mientras Washington sostiene que la negociación económica no frena una futura transición política.

Lo que sí parece claro es que el petróleo vuelve a colocar a Venezuela en el centro del tablero geopolítico y energético mundial.