Daniel Ortega regresó a la Presidencia de Nicaragua en 2007 y, casi dos décadas después, continúa al frente del país junto a Rosario Murillo, ahora reconocida constitucionalmente como copresidenta. Una nueva reforma busca ampliar de seis a siete años el período de la copresidencia, colocando a Nicaragua fuera de la tendencia de América Latina, donde los mandatos presidenciales suelen durar entre cuatro y seis años.

La reforma fue aprobada en primera legislatura a inicios de septiembre y todavía debe completar el proceso de ratificación constitucional. Además de ampliar los períodos, introduce restricciones que podrían dejar fuera de la competencia política a personas consideradas “traidores a la patria” por el oficialismo.

El cambio ha encendido las alarmas entre opositores y organismos internacionales. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos advirtió que las modificaciones reducen las condiciones para una verdadera alternancia en el poder y profundizan la concentración de autoridad alrededor de Ortega y Murillo.

Más allá de si un mandato dura cinco, seis o siete años, la discusión está en otro punto: cada vez habría menos oportunidades para que los nicaragüenses puedan cambiar a sus gobernantes mediante elecciones competitivas.

Con Ortega, de 80 años, y Murillo, de 75, Nicaragua entra así en una nueva etapa política marcada por períodos presidenciales más largos y una estructura de poder cada vez más concentrada en la pareja que dirige el país desde hace casi dos décadas.