Una Centroamérica más segura podría atraer más inversión, mover más comercio y competir mejor. Esa es la visión planteada por el vicepresidente de El Salvador, Félix Ulloa, quien propuso que la seguridad se convierta en uno de los principales motores de la integración regional.
Durante un acto por el inicio de las conmemoraciones de la independencia centroamericana, Ulloa aseguró que la integración no debería quedarse únicamente en reuniones, tratados o declaraciones entre gobiernos. La apuesta, dijo, debe avanzar hacia resultados concretos que tengan impacto en la vida y la economía de los países.
El funcionario puso como ejemplo la reducción de la violencia registrada en El Salvador y señaló que sus efectos podrían ir más allá de las fronteras nacionales. Bajo esa lógica, una región con mejores condiciones de seguridad tendría mayores posibilidades de atraer inversión, fortalecer el comercio y mejorar su competitividad.
Pero el reto no termina con las pandillas. Ulloa planteó que los países centroamericanos necesitan trabajar juntos frente al narcotráfico, la trata de personas, el lavado de dinero y otras formas de crimen organizado que operan sin respetar fronteras.
La propuesta aparece además en un momento de cambios dentro del sistema regional. La Corte Centroamericana de Justicia quedó sin capacidad legal para seguir funcionando después de la salida de Honduras y posteriormente de El Salvador, debilitando uno de los órganos históricos del proceso de integración.
Centroamérica ha intentado distintos modelos de unión desde su independencia. Hoy, más de 200 años después, El Salvador pone nuevamente sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿puede la seguridad convertirse en el punto de partida para una región más conectada, estable y competitiva?

