El Salvador atraviesa un año especialmente seco. El déficit de lluvias en 2026 ya alcanza el 35.7 % y las temperaturas extremas han llegado hasta los 44 °C, una combinación que comienza a encender alertas por sus posibles efectos en el agua, la agricultura y la economía de muchas familias.
Ante este escenario, el país se mantiene bajo alerta roja desde el 25 de agosto. Las autoridades están identificando las comunidades más vulnerables, revisando la disponibilidad de agua y monitoreando la producción agrícola y ganadera para determinar dónde será necesaria mayor asistencia.
El Gobierno también asegura que trabaja junto al sector privado y organismos de Naciones Unidas para apoyar principalmente a las familias vinculadas al sector agrícola. Mientras tanto, el monitoreo continuará para definir nuevas medidas si la falta de lluvias se prolonga.
El problema no es solo el calor: las altas temperaturas aceleran la pérdida de humedad en los suelos y aumentan la presión sobre los recursos hídricos del país.

