La República Democrática del Congo vuelve a enfrentar al ébola, pero esta vez la velocidad con la que está creciendo el brote mantiene encendidas las alertas. Más de 2,500 personas han muerto en apenas tres meses, según Naciones Unidas, y cerca de la mitad de esas víctimas se registraron solamente durante los últimos 20 días.
La frase utilizada por la ONU resume la preocupación: la epidemia está avanzando de forma “exponencial”. El brote ya se extiende por un territorio mayor que Francia y continúa llegando a nuevas zonas mientras los equipos sanitarios intentan contener las cadenas de transmisión.
El mayor brote registrado en el país
La situación ya superó en número de casos al brote que golpeó el este del Congo entre 2018 y 2020, que hasta ahora había sido considerado el más grande registrado en el país.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el brote actual es provocado por el virus Bundibugyo, una especie de ébola para la que todavía no existe una vacuna ni un tratamiento específico autorizado, aunque actualmente se desarrollan pruebas y estudios con posibles alternativas.
El virus se transmite principalmente a través del contacto directo con sangre y otros fluidos corporales de personas infectadas, así como por materiales contaminados.
Una emergencia en medio de otra crisis
Combatir la enfermedad tampoco está siendo sencillo. Las zonas afectadas llevan años enfrentando conflictos armados, desplazamientos de población y dificultades para acceder a servicios básicos de salud.
A esto se suman la movilidad constante entre comunidades, problemas de seguridad, limitaciones de recursos y ataques contra personal e instalaciones sanitarias, factores que dificultan localizar casos, atender pacientes y cortar rápidamente las cadenas de contagio.
La OMS considera que el riesgo continúa siendo muy alto dentro de la República Democrática del Congo y alto para los países vecinos. Aunque ya se han detectado casos importados fuera del país, hasta ahora no se ha registrado una transmisión sostenida internacional y el riesgo global continúa siendo considerado bajo.

