Después de años de procesiones prohibidas, sacerdotes expulsados y fuertes restricciones religiosas, Rosario Murillo sorprendió al hablar públicamente sobre el respeto a la fe en Nicaragua.

La copresidenta aseguró que su Gobierno respeta todas las formas de alabar a Dios y destacó el regreso de algunas procesiones católicas, como las dedicadas a la Virgen del Rosario en Estelí y Carazo. Sin embargo, estas celebraciones se han realizado con recorridos limitados y bajo condiciones establecidas por las autoridades.

Las cifras muestran otra realidad. Según la Comisión de Estados Unidos sobre la Libertad Religiosa Internacional (USCIRF), más de 27,000 procesiones y actividades religiosas fueron prohibidas entre 2019 y 2026. Además, 309 religiosos habían sido expulsados, forzados al exilio o impedidos de regresar al país hasta febrero de 2026.

Aunque algunas imágenes religiosas han vuelto a recorrer las calles, organismos internacionales advierten que las restricciones a la libertad de culto continúan. El contraste entre las declaraciones de Murillo y las denuncias contra su Gobierno vuelve a poner sobre la mesa la situación de la Iglesia en Nicaragua.