Una noche de luces, tradición y mucha identidad salvadoreña.

Ahuachapán volvió a convertirse en uno de los lugares más coloridos de El Salvador con la celebración del Día de los Farolitos, una tradición que cada 7 de septiembre reúne a miles de familias, visitantes y turistas.

Calles, casas y espacios públicos se llenaron de farolitos de diferentes formas y colores, creando uno de esos escenarios que hacen que esta celebración siga pasando de generación en generación.

La tradición tiene un fuerte componente religioso y se realiza en vísperas del nacimiento de la Virgen María. Como parte de las actividades, la imagen de la Virgen Niña recorrió las principales calles de Ahuachapán en una procesión que finalizó en la parroquia Nuestra Señora de la Asunción.

Pero la noche también tuvo música, danzas, convivencia familiar y cientos de personas recorriendo las calles para disfrutar de los diferentes diseños y ambientes preparados especialmente para la ocasión.

Durante la celebración se mantuvo un dispositivo de seguridad y asistencia, con presencia de instituciones gubernamentales y miembros del Equipo Táctico Operativo de Protección Civil para atender cualquier eventualidad.

Más allá de las luces, el Día de los Farolitos sigue siendo una de esas tradiciones que conectan a los salvadoreños con sus raíces y convierten a Ahuachapán en protagonista cada septiembre.

La celebración fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de El Salvador en 2014, reconociendo su valor como una de las expresiones culturales más representativas del país.

Y sí… por una noche, Ahuachapán volvió a encenderse de una manera muy especial.