La falta de lluvias ya comienza a sentirse en el campo salvadoreño. Según estimaciones de la Asociación Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO), el actual ciclo agrícola registra pérdidas cercanas al 20% en la producción de maíz y frijol.

El impacto se concentra especialmente en la zona oriental, donde la falta de lluvia ha retrasado la siembra postrera. CAMPO advierte que alrededor de 60 mil productores de esa región no han sembrado y que una parte importante de la próxima cosecha de frijol podría estar en riesgo si las condiciones climáticas no mejoran.

¿Y qué significa esto para los consumidores? Menos producción nacional implica una mayor dependencia de las importaciones y también puede generar presión sobre los precios. De acuerdo con la gremial, en apenas una semana el quintal de maíz aumentó alrededor de cuatro dólares y el de frijol cinco dólares.

El país todavía tendría abastecimiento de granos gracias a las importaciones, por lo que el escenario planteado no es de una escasez inmediata, sino de un déficit mayor en la producción local. Una situación que podría afectar con más fuerza a las familias con menor capacidad económica.

A la sequía se suman otros retos como las plagas, la reducción del número de agricultores activos y la necesidad de una mayor planificación para enfrentar los cambios del clima. Para los productores, lo que ocurra con las lluvias en las próximas semanas será clave para determinar qué tan fuerte será el impacto al cierre del año.