El discurso de Donald Trump en la Asamblea General de la ONU dejó uno de los momentos más tensos de la jornada. Cuando el presidente estadounidense aseguró que el sistema comunista cubano “va a caer”, la delegación de Cuba, encabezada por el canciller Bruno Rodríguez, abandonó la sala en señal de protesta.

Trump dijo que su administración busca un “cambio fundamental” en Cuba y aseguró que el Gobierno de la isla enfrenta una presión sin precedentes. También señaló que el secretario de Estado, Marco Rubio, participa en conversaciones con representantes cubanos. Los contactos entre ambos gobiernos no son nuevos: negociaciones de alto nivel ya habían sido confirmadas meses atrás, aunque posteriormente La Habana señaló que no se habían producido avances importantes.

Todo ocurre mientras Cuba atraviesa una complicada situación energética. El 18 de septiembre el sistema eléctrico nacional volvió a colapsar, en al menos el sexto apagón general registrado en 2026. La falta de combustible, las averías y el deterioro de las plantas eléctricas continúan provocando prolongados cortes de energía en diferentes zonas del país.

Las medidas de Estados Unidos para restringir el suministro de petróleo hacia Cuba también han aumentado la presión sobre la economía de la isla. El Gobierno cubano sostiene que las sanciones estadounidenses agravan la crisis, mientras Washington atribuye buena parte de los problemas a las políticas económicas de las autoridades cubanas.

La escena en Naciones Unidas volvió a dejar en evidencia la fuerte tensión entre Washington y La Habana: mientras Trump insiste en que se aproxima un cambio político en Cuba, el Gobierno cubano rechaza las presiones estadounidenses y mantiene públicamente su posición frente a Washington.